miércoles, 30 de junio de 2010

Better life

CAPÍTULO 1: Hielo


-… maldita sea –murmuró mientras buscaba por el baño su cepillo para el cabello- ¡Hale! –gritó mientras que se arrodillaba para ver tras el lavabo- ¡¿Dónde está mi cepillo?!

Odiaba… aborrecía que justamente a las 6:30 de la mañana cuando ya sólo le faltaba cepillarse el cabello para salir a toda velocidad de la casa ¡su cepillo desapareciera! No entendía que le había hecho aceptar aquel hombre cuando le vio parado a su puerta; ¡Ah! Porque no era un niño, ni un joven como cuando lo conoció ¡Era un hombre hecho y derecho!

Bastante ridículo se debía de ver con su traje perfectamente planchado y arreglado buscando algo inexistente en el baño tras el lavabo. Se levantó quejándose cuando se pegó contra el borde de porcelana… no era su día, sencillamente no lo era. Sacudió el traje con un cuidado impecable, sin prestar atención al espejo del baño o sentiría que empezaría a temblarle el ojo con su cabello por ningún lado y aun mojado porque no se había secado después de la rápida ducha.

-¡Hale! –exclamó cuando abrió la puerta de la habitación del más joven. Nunca había deseado compañía… bueno sí, pero no la del mercadólogo que seguía plácidamente dormido; esa suave respiración que le hacía rendirse a sus intentos de golpearlo por haber hecho seguramente desaparecer su cepillo. Tenía el ventilador prendido a todo lo que daba e igual la venta abierta con el frío de la madrugada… demasiado descuidado, fue a cerrar las ventanas cuando se dio cuenta que sobre el escritorio estaba su cepillo. Cerró bien antes de sentarse en la orilla de la cama, tenía que apagar el ventilador, pero mejor solo lo puso en el primer nivel; Era invierno y aun así Hale ponía el ventilador, de verdad que le preocupaba en ocasiones. Pasó la mano por la frente del menor… no tenía fiebre y seguía dormido ¿Qué iba hacer con él?

Con cepillo en mano volvió al baño para intentar poner orden en su cabeza; una cepillada a un lado, al otro y luego todo hacía atrás, pero al final su cabello hacía lo que quería por su falta de gusto para usar gel o eso pensaba mientras que se miraba al espejo con ambas manos en el lavabo… ¿Hace cuantos años estaba viviendo esa pesadilla? ¿Uno? ¿Dos y medio?... de ser un gran profesor en una universidad importante en su ciudad natal, ahora era menos que un tutor en una escuela de regularización, no podía quejarse del trabajo pero era una miseria lo que ganaba, haciéndole recordar cuando apenas había salido de la carrera…

6:45…

¿¡Porque estaba perdiendo el tiempo en pensamientos tan inútiles?! Estaba por coger su cartera y portafolio de la mesa en el comedor cuando un Hale salió bostezando como león sin reaccionar a saludarle cuando ya estaba fuera de la casa bajando la pequeña escalinata hasta el coche.

-Espera, Jude! –escuchó para mirar al hombre que bajaba tras de él en su piyama de pants y playera de mangas largas, abrigadora para la primera nevada del año- No se te olvide que hoy iremos a comer -se le acercó lo suficiente para dejarlo sin escapatoria entre el auto y su cuerpo, con esa sonrisa de millones de dólares y por lo cual (aparte de su cerebro) era que tenía tan buen trabajo en una empresa publicitaria.

Jude por su parte solo tenía los ojos bien abiertos por la cercanía tensándose ligeramente. Nadie podía adivinar lo perturbador que era Hale por las mañanas cuando parecía que todas sus feromonas revoloteaban por su cuerpo, lo atractivo del cabello ligeramente largo y el flequillo que caía por su frente cubriendo levemente sus claros ojos verdes… respiró profundo para sacarle de encima con un brazo mientras que abría el auto para meter el portafolio y un traje que siempre llevaba por las probabilidades de lluvia o cualquier accidente.

-Lo prometiste –arremetió Hale bajando la cabeza con la mirada hacía el pelinegro que ya estaba por entrar al auto, que seguramente hubiera cerrado si el ojiverde no sujetada la puerta- No me puedes decir que tienes consulta exactamente hoy a la hora de la comida.

-… pasaré por ti –respondió sencillamente el psicólogo cuando al fin pudo cerrar la puerta del auto, bajando la ventanilla mientras que el auto se calentaba- Lleva los seguros de la bicicleta, los dejaste en el armario el fin de semana pasado y date un baño; Apestas

-¡Oye! –soltó el menor cayendo de su nube de golpe ¿Qué se creía ese tonto de Jude?

Se metió a la casa con un leve gesto de frustración, aunque se olfateo un poco ¡No apestaba! Además ¿qué hora era? Buscó su reloj en el frutero, un bonito rolex que adoraba con su alma por ser un regalo de sus padres antes de entrar a la universidad; No era tarde… para él, era demasiado temprano: Su hora de entrada era justamente a las 10:00, pero bueno podía tirarse a ver la tele, limpiar un poco la cocina y ya meterse a bañar; Un plan realmente sencillo de seguir ¡Y hasta podría tomar el camino largo al trabajo para comprar algo de desayunar!

Terminó reorganizando sus tareas: sólo para tomar un licuado ligero antes de hacer la limpieza de la cocina que no era mucho; Jude solía mantener todo en perfecto orden, para ser un psicólogo tenía demasiadas manías… demasiadas. Buscó su celular a los alrededores de la mesa, siempre lo dejaba olvidado en alguna repisa o en los libreros, pero le llamó la atención que estuviera en la mesita de salida con sus llaves ¿es acaso que ya también sus cosas estaban en el plan “Ordena todo” de Jude? Ya mejor no se preguntó nada para llevarse el celular consigo y poder tumbarse cómodamente en el sofá mientras que cambiaba los canales redactando al mismo tiempo un mensaje a su amigo; Seguro ya estaba despierto dándole guerra a su noviecito.

Vivía en una ciudad que desde hace mucho tenía aceptada a la comunidad gay; Una ciudad con un clima templado, bien urbanizada pero con el gusto de un aire limpio ya que era más común andar en bicicleta que en el auto y por ello reñía con Jude de vez en cuando, pero como siempre el psicólogo le ganaba de forma monumental argumentando que su trabajo estaba en las afueras de la ciudad… aunque ya lo había visto visitar algunas tiendas de bicicletas; ¡No era una acosador! Es que los mejores locales estaban en el centro de Copenhague.

Pasó por tercera vez por el mismo canal al darle la vuelta a todo lo que había en televisión, odiaba que cuando quería sentarse a ver algo en cierta hora no había absolutamente nada que ver ¿Entonces para que servía su mensualidad del cable? Tomó el celular cuando su buen amigo de la infancia le contesto un “Es cierto, apestas xD” Renegó para luego reírse y mejor ya meterse a bañar.

Siempre tenía que entrar al cuarto de Jude para sacar toallas limpias, no le molestaba para nada hacerlo, le gustaba estar allí, sentir el aroma del mayor por todos lados; su buen estilo al decorar la habitación, siempre dejaba la cama tendida antes de salir ya impecablemente arreglado para el trabajo o si era fin de semana; salir a correr. Abrió el closet para tomar las toallas que le correspondían a la derecha de las del psicólogo, y ya que estaba la puerta abierta atrapó entre sus manos una de las playeras que usualmente usaba su compañero de casa… la había lavado recientemente; Lo sabía porque siempre le ponía demasiado suavizante a la ropa… siempre; Entrecerró los ojos con un poco de añoranza en su expresión, ¿por qué tenía que estar allí lleno de ilusiones y ninguna recompensa?

Cerró el armario con cuidado, andando hasta el baño de su habitación. Como no era el baño principal no era tan amplio pero también tenía una tina y el espacio necesario para no matarse como lo había hecho le primera vez que había entrado a la casa en Berlín de Jude. Se sintió un poco intranquilo cuando se metió a la tina sólo abriendo la regadera, pasándose las manos por los hombros, masajeando un poco entre ellos… la tensión del trabajo, el gimnasio y… Jude… hacían estragos en esa zona. Sabía que para todos era como un gran, pero gran cachorro de labrador que se la pasaba alegremente por el mundo pero cuando estaba un momento a solas le hacía pensar muchas cosas; entre ellas cada que hacía ese masaje para relajar los músculos ya por inercia que había empezado exactamente hace tres años, cuando despertó en un hotel, solo… solo sin aquel cuerpo que había amado como nada la noche anterior, que le había vuelto adicto hasta el alma; Aquel cuerpo que en clases vestido con su estilo formal y la corbata siempre bien acomodada le hizo imaginar cómo sería tenerlo entre sus brazos; con esa cintura bien marcada, la espalda estrecha pero sin dejar de ser masculina, el cabello negro tan rebelde a pesar de que veía su manía de peinarlo con los dedos para acomodarlo lo mejor posible y esos ojos café oscuro… de solo recordarlo tuvo que pegar la frente contra la fría losa… no era justo… si bien había llegado a pensar muchas cosas con él cuando era estudiante, Le había odiado: Por esa actitud tan fría y maldita que tenía que solo el estar cerca te decía “Aléjate de mí”.

Otra cosa que odiaba era recordar la forma en que había actuado mientras bebían aquella noche en uno de los mejores bares en el centro del frío Berlín, justamente en la primera nevada estaban los dos casualmente en ése lugar. Nunca imaginó como ese hombre tan formal, serio y había que decir: Sarcástico y que disfrutaba con hacerlos sufrir estaba frente a él sonriendo con esa naturalidad que a sus facciones le hacía quitarse varios años de encima hasta hacerlo ver como un estudiante común y corriente de la universidad; No se llevaban mucho años, pero la diferencia de ese momento a la clase era tremenda. Una copa, luego otra… luego una competencia de bebidas ¡¿Quién diablos podía imaginar a ése hombre beber tanto y parecer que nada le sucedía?! En cuanto él había quedado tan mareado que tuvo que ser auxiliado por sus amigos y el profesor para llevarlo a un hotel ya que la casa donde se quedaba cuando residía en Berlín tenía una hora para cerrar la puerta.

Respiró hondo de nueva cuenta mientras buscaba la esponja y el jabón. Preparó la esponja con abundante espuma antes de pasarla por su cuerpo, recordando aquellas manos que le ayudaron a llegar a la regadera del hotel para darse un baño con el cual se despabiló bastante, lo suficiente para darse cuenta de la hermosa expresión de Jude mientras reía de sus peripecias; El agua que caía de sus cabellos y recorría su rostro, su camisa color tinto –sí, recordaba bien que ropa llevaba ese día- pegada al cuerpo porque técnicamente se había tenido que meter con él para sujetarle… y fue allí donde todo empezó, cuando se atrevió a besarle el cuello cuando ya lo llevaba a dormir ¡ése era el plan! Simplemente llevarlo a que durmiera, pero en su lugar él le había sujetado de la cintura cuando pudo sentarse a la orilla de la cama, olfatear su pecho… la mezcla del alcohol y la colonia; luego sus brazos protegiéndole como si fuera un niño pequeño. No supo que le hizo echarse a llorar allí, quizás lo injusto en que había sido en criticar al profesor ahora que notaba esa parte que luego se volvió en lujuria pura o quizás sencillamente había sido el alcohol en sus venas… pero al final como en las buenas historias solo había despertado con una resaca de los demonios y con la noticia que la habitación estaba pagada.

Después de eso buscó a Jude hasta el cansancio, pero parecía que aquel hombre que había visto en el bar no existía ya que solamente encontró una pared aun más gélida de la que ya conocía, ahora era “Te mato si te me acercas”, pero siguió confrontándolo, una y otra vez, hasta que accedió un poco a su presencia cuando por tonto se dio contra un poste mientras que lo seguía intentando explicarle a gritos que no lo estaba haciendo por capricho. En casa del profesor después del golpe, aprendió que ése hombre jamás mostraría nada al mundo si éste se lo pedía, tampoco mostraría naturalmente aquella pequeña parte que temblaba como una hoja cuando le pidió que se detuviera de todo eso: Fuera como fuera seguían estando en una institución educativita que como cualquiera castigaba las relaciones personales entre alumnos y maestros. Aun así volvió a consumir la droga que aquel cuerpo representaba… una y otra vez esa noche, hasta que despertó igual… sin nadie a su lado, solo la nota de que había dejado el desayuno y que asistiera a las clases que alcanzara ¡ah! Y que no quería verlo cuando él estuviera de regreso, ¿acaso el destino no podía ser más injusto?

Salió del baño secándose el cuerpo y buscando en su pequeño armario la ropa del día; No tenía junta así que se iría con los pantalones de vestir, una camisa… ¿de qué color iría bien? ¡Ah y claro! Un abrigo… no era tan masoquista con la nieve acumulándose en la entrada. Ya bien vestido se miró en el espejo del pasillo, se acomodo los pequeños detalles y el cuello que siempre dejaba mal acomodado… Jude tenía esa manía de acomodarle el cuello cada que se lo veía mal doblado y que por cierto… debía admitir que en ocasiones lo dejaba de ése modo apropósito. Bueno… cuando era estudiante de penúltimo semestre era lo mismo con quien pasara cerca del psicólogo, tan perfeccionista y discreto en todo, que aborreció a Hale por tanto tiempo por haberlo atrapado y besado cerca de las canchas… así que se podía decir que se sentía complemente responsable de recibir la llamada del Director de la Universidad declarando que se le daría de baja del Sistema… ya sabía porqué pero en ese momento no le importó, así podría estar junto Jude ¿no?... pero al día siguiente le llamaron para avisar que podía volver a sus clases normales; al principio con un toque de soberbia le adjudicó a sus buenas notas y al proyecto que llevaban a la punta de salir a ser un gran negocio, pero pronto descubrió que el hielo podía volverse aun más duro, casi un diamante que le ignoró por los pocos días que le quedaron del semestre, lo buscó en su hogar varias veces pero nunca le abrió, nunca más supo de él hasta que al siguiente ciclo confirmaron lo que había temido: Había presentado su renuncia de la institución y como veía también había dejado la ciudad ¿por qué tenía que ser de ese modo? ¿Ni siquiera un adiós?

Salió de la casa pasándose la mano por el cabello castaño, con la otra ocupada por los seguros para subir la bicicleta al auto de Jude ¡Ah! ¡No se le había olvidado! ¡No lo iba a dejar escapar como la última vez!... ese hombre siempre estaba ocupado y nunca le prestaba ni cinco minutos porque ya estaban discutiendo cosas de cualquier tipo, haciendo que sus contiendas se volvieran bastante acaloradas y el psicólogo terminara huyendo después de soltarle un comentario mordaz cuando sus distancias misteriosamente se reducían de golpe.

Volvió a sacar el celular para mandarle un nuevo mensaje a su amigo mecánico para que se vieran en la noche afuera del taller donde trabajaba y por el cual él tenía que pasar a dejar unos papeles; Tenía ganas de tomar y seguramente Van no se iba a negar a acompañarlo.

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